En mi monedero, entre las tarjetas de crédito, acreditaciones y tarjetas de visita hay un papel. Un papel doblado en cuatro. Sus esquinas están gastadas y lo que antes era blanco impoluto ahora es un amarillento desgastado.
Se esconde entre los documentos como si fuera uno más entre ellos, como si contuviera información oficial tan importante como la de sus compañeros de compartimento.
Una vez cada tanto, cuando me decido a hacer limpieza de papeles inútiles lo encuentro. Lo saco y sostengo sobre mis manos. Lo abro con delicadeza, cuidando que sus bordes no se resquebrajen aun más. En el centro, con tinta verde que una vez fue fosforita hay un número: 07580351786.
Yo.
Un número que representa una vida pasada. Un número que ansío vuelva a representarme. Un número que significa mas que mi DNI, más que la tarjeta de crédito y el dinero que pueda sacar de ella.
Un número que hoy es más yo, que la persona que escribe.
Así que vuelvo a doblarlo y lo coloco donde pertenece, a la espera, alimentando el recuerdo de lo que una vez fui.
Hoy no soy más que tinta verde perdiendo brillo, pero ese papel me da esperanzas.





