Tras las sombras II
Sus ojos ya no brillaban
Sus manos no temblaban más por el frio
Su corazón ya no volería a latir.
Y yo… Los miraba desolada. Rota por dentro. Entera por fuera.
Me acerqué a los dos cadaveres. Uno al lado del otro. Ambos tapados hasta el cuello. Sus caras blancas. Cada uno sobre una placa de acero. Sus cuerpos desvalidos… tan fragiles… tan solo eran dolor ahora.
-¿Son ellos? – preguntó el policía. Asentí.
Me llevaron a comisaria. Escribieron informes trás informes. Me hicieron firmar para confirmar que eran los muertos correctos. Lisa Meridiano y Tomás García.
No me dejaron irme sola. Me sentaron en una sala a esperas de mis padres y los de Tommy. Ellos llegaron primero y sin mediar palabra sus ojos volaron sobre el lugar y llegaron hasta el cuerpo inherte de su pequeño. No hicieron falta lagrimas, su propia respiración denotaba todo el dolor, un alma quebrada, un mundo parado para siempre, el caos eterno.
Cuando mis padres llegaron les dije que sería mejor que no entraran. Si veían el cuerpo de Sofía sabrían que era ella.
Entededme, en ese momento pensé que era lo mejor… y ya había tomado mi decisión.
… Todos dieron por hecho que era yo la que murió en aquel accidente. Yo era la novia de Tommy, porqué iba a ser Sofia la que viajaba en esa moto? Era yo. Yo! Yo merecía morir ese día.
Simplemente se dió por hecho desde el principio y nunca ayudé a que se supiera la verdad.
Esa noche llegamos a casa y me fui directa a mi cama. No pude dormir. Oía los aullidos de dolor de mi madre, como si fuese una loba asustada en mitad de la noche en busca de sus cachorros
Me dolían las sienes del llanto, de la confusión, del estrés. Traté de convencerme de que Sofi había salido a tomar unas copas con sus amigas, y a Tommy se le había olvidado llamarme esa noche. Y al fín, embalsamada en mentiras, caí en un terrible sueño del que no quise despertar nunca más.
A mitad de la noche mi madre entró en la habitación. Se sentó en mi cama y me desperté asustada. Había sido todo cierto?
-¿Que haces en su cama Sofia? – Preguntó enfadada.
Dudé. No entendí muy bien a que re refería. Pronto entendí que tendría que cambiar de cama, cambiar de vida, de personalidad. Ya jamás volvería a ser la persona que había sido desde el día en que nací.
-Pensé que en su cama la sentiría mas cerca… – mentí. Me abrazó y lloramos juntas.
Me sentí conmovida: ¡Así lloraba mi madre por mi!
Y entonces la culpabilidad se apoderó de mi. Entre sus brazos las lagrimas caían con mayor facilidad aún. Quisé decirle que era yo… no dejaba de susurrar mi nombre “Soy yo mama! No estoy muerta! Estoy aquí…” Pero ya no podía, no había marcha atrás.
Lo asumí. Yo morí ese día, junto con Tomás.
Sofía estaba en la blibioteca el maravilloso futuro que le esperaba…


Quiero continuaciones y continuaciones de esta historia.
Me encanta tu escritura.
Muchos besitos pequeñísima.
Me gusta esta historiaaa. Para cuando la parte III.
Bss tonta. Loviu
Justo cuando necesitaba evadirme con relatos ^^ me alegro de tenerte guardada, hoy te tenía que leer